Living el confinamiento
Desde el pasado 13 de marzo, una extraña y dura noticia invadió y cambió nuestras vidas por completo.
No sé a vosotr@s pero, para mí, es como haberme subido desde aquel día a una realidad paralela a la vida real que, de repente, dejamos de tener. Lo que me parece más increíble es que lo hemos asumido con una responsabilidad y civismo pasmosos, saliendo de nuestras bocas la frase "es lo que toca".
Llevamos 10 días confinados y la verdad que, después del miedo inicial a la primera reacción de mucha gente arrasando con todo lo que había en los supermercados, por suerte, parece que ha llegado la calma. Sinceramente, de momento lo estoy llevando aparentemente bien, excepto que todas las mañanas me levanto con la obsesión de escuchar en la radio noticias optimistas sobre la evolución de la pandemia, e igual que los locutores, intento ver el mínimo dato que aporte algo de esperanza. No obstante, no sé si como terapia, pero hoy necesitaba escribir algo sobre esta situación tan anómala y a la vez tan repentinamente cotidiana. Disculpad si mis pensamientos resultan inconexos y es que responden más a la necesidad de intentar darle un sentido a este mal sueño.
Llevamos 10 días confinados y la verdad que, después del miedo inicial a la primera reacción de mucha gente arrasando con todo lo que había en los supermercados, por suerte, parece que ha llegado la calma. Sinceramente, de momento lo estoy llevando aparentemente bien, excepto que todas las mañanas me levanto con la obsesión de escuchar en la radio noticias optimistas sobre la evolución de la pandemia, e igual que los locutores, intento ver el mínimo dato que aporte algo de esperanza. No obstante, no sé si como terapia, pero hoy necesitaba escribir algo sobre esta situación tan anómala y a la vez tan repentinamente cotidiana. Disculpad si mis pensamientos resultan inconexos y es que responden más a la necesidad de intentar darle un sentido a este mal sueño.
Evidentemente, la esperanza de que esto tendrá un fin es lo que nos mantiene con el ánimo de seguir haciendo nuestras vidas dentro de las paredes de nuestra casa, en la cual buscamos rincones para realizar diferentes actividades que llenen nuestro día, o incluso, para parar y descansar un poco, sin pensar mucho en lo que nos está ocurriendo.
Este blog nació con la idea de hablar del barrio en el que vivo, el barrio de La Madalena en Zaragoza. En un post hablaba de cuánto me gustaba salir a la calle y conocer a la gente del barrio. Ahora, desde esta nueva perspectiva , solo intento comprender como algo tan simple y cotidiano se ha convertido en lo más anhelado. Cierto es que sin internet, esta situación estaría resultándome mucho más dura y aunque las relaciones virtuales no son lo mismo, ayudan. También creo que no tengo derecho a quejarme cuando sí hay gente que está sufriendo de verdad esta situación, ya que la palabra hogar no siempre es un espacio y circunstancias ideales, como para que de repente sea el escenario de tu vida las 24 horas del día.
Otra frase que escuchamos estos días es que después de esto seremos mejores y espero que así sea. Empezando por rediseñar nuestro modelo industrial. No puede ser que un país desarrollado como el nuestro vea agravada la crisis del coronavirus por falta de material tan sencillo como mascarillas, que tienen que llegar en aviones desde China, con lo que eso conlleva. Un país desarrollado como España tendría que estar produciendo ese material sin ningún problema, pero vemos que es una ardua tarea para los gobiernos nacional y autonómicos gestionar su compra, con la correspondiente ansiedad que nos genera. Sé que hablar a toro pasado es muy fácil, pero después de esto habrá que replantearse muchas cosas y sobre todo, no olvidarnos de que lo barato sale caro.
Pero no quiero terminar esta reflexión sin centrarme en cosas positivas , como la solidaridad que todas las tardes a las 20h aflora en los balcones de todo el país , o que tenemos tiempo para pararnos a pensar en que si el mundo se detiene, no pasa nada. Eso sí, esperamos que sea un stop breve. También, por lo menos en mi caso, gracias a las videoconferencias tengo noticias a diario del resto de mi familia y amistades. Y bueno, qué decir de la cantidad de vídeos divertidos que hacemos con las otras familias y profes del cole.
Con la ilusión de que pronto veamos esto como algo pasado, quiero quedarme con la gran noticia del día: el trasplante exitoso en el Gregorio Marañón de un corazón para Cloe, una niña de 18 meses. Hoy ella ,sin saberlo, se ha convertido en nuestra esperanza.

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