La Madalena: aquí quiero quedarme
Esta mañana hablaban en la radio de la necesidad que tenemos algunas personas, que no vivimos en nuestros pueblos, ciudades o países natales, de buscarlos, en cierto modo, en los lugares que nos han acogido o adoptado, sea por trabajo, por amor o por otras razones de la vida. En mi caso, aterricé en Zaragoza ya hace más de diez años por culpa de un maño y después de vivir en otros distritos de la ciudad, puedo decir con bastante criterio que me quedo con La Madalena.

Si comparo mi pueblo natal en Pontevedra con el barrio de La Madalena en Zaragoza, es difícil encontrar alguna similitud objetiva. Sin embargo, aquí he encontrado algo que siempre he valorado mucho: poder saludar a la gente cuando salgo a la calle. Si a esta cercanía, le sumo que se trata de un barrio variopinto, ejemplo de convivencia, con comercios que marcan tendencia y con una torre mudéjar, desde la que el gallo madaleno nos marca la dirección del viento, puedo afirmar que he encontrado un lugar para quedarme.

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